Para leer el 2025 del IER
El año que termina nos deja, por un lado, un legado de trabajos que dialogan con la agenda internacional y la generación de conocimientos ecológicos; por otro, investigaciones que bajan a tierra en decisiones reales para el ámbito regional y nacional. Y eso se ve en los temas y en la escala de trabajo:
Ciencia a escala global
Hay publicaciones donde el IER participa en colaboraciones masivas, típicas de la ciencia contemporánea, aportando a la comprensión de los procesos ecológicos que actúan a grandes escalas y a discusiones donde se define política pública, bioseguridad y estrategias climáticas. Un ejemplo es un estudio global sobre paisajes sonoros que reunió un consorcio de 247 coautores, analizando cómo la huella humana en el sonido del planeta es menos predecible que los ritmos acústicos de la fauna (DOI: 10.1038/s41559-025-02786-5)
En la misma línea de ciencia global con datos duros:
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Un trabajo en PNAS sobre la magnitud del comercio legal de vida silvestre y sus implicancias para la supervivencia de especies (DOI: 10.1073/pnas.2410774121)
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Un artículo en Current Biology que mapea las dimensiones globales de las importaciones de fauna hacia Estados Unidos (DOI: 10.1016/j.cub.2025.07.012)
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Un metaanálisis en Biological Reviews que compara, a escala mundial, stocks y flujos de carbono entre bosques nativos y no nativos (DOI: 10.1111/brv.13176)
Biodiversidad y producción: conflictos y responsables
El 2025 también muestra ecología aplicada en problemas donde conviven naturaleza y personas. Por ejemplo, un marco integral para gestionar conflictos humano–fauna a partir de la depredación de ganado por puma en el Chaco seco, publicado en Biological Conservation (DOI: 10.1016/j.biocon.2025.111394).
Otro ejemplo de esta temática es un artículo en Global Environmental Change que atribuye el declive de biodiversidad impulsado por deforestación en el Gran Chaco a cadenas de suministro de commodities agrícolas (DOI: 10.1016/j.gloenvcha.2025.103011)
Funciones y servicios ecosistémicos y ecología urbana
En 2025, la polinización, la dispersión de semillas y los agroecosistemas siguen marcando la agenda del IER. Un ejemplo son los efectos de campos de soja sobre la salud de Apis mellifera en el Chaco, publicado en Journal of Economic Entomology (DOI: 10.1093/jee/toaf002). Y, en paralelo, evidencia a escala continental sobre qué factores explican el desempeño reproductivo de abejas silvestres en una ecorregión árida publicado en Proceedings of the Royal Society B (DOI: 10.1098/rspb.2025.0064)
Por otra parte, podemos mencionar como ejemplos del interés en la ecología urbana a un artículo sobre cómo la historia de los barrios (“la edad del vecindario”) deja huellas medibles en la diversidad, composición y cobertura del arbolado urbano, en Urban Ecosystems (DOI: 10.1007/s11252-025-01705-7) y otro ejemplo con impacto social es el mapeo de basurales a cielo abierto y la dinámica de residuos, publicado en Scientific Reports (DOI: 10.1038/s41598-025-02653-0)
Detrás de cada número hay una escena real: una parcela de bosque medida durante años, una red de colaboración que cruza países, una salida de campo, una base de datos que queda disponible, una discusión metodológica que mejora cómo hacemos ciencia. Este año también es una oportunidad para decir gracias. Nada de esto existe sin el trabajo cotidiano —muchas veces silencioso— de quienes sostienen la ciencia en todas sus etapas: investigadoras, becarios, personal técnico, administrativo y quienes hacen posible el funcionamiento del IER día a día, a pesar de la orfandad del sistema científico actual en Argentina. Desde Tucumán se puede producir conocimiento relevante, útil y de calidad internacional —y el IER lo demuestra, año tras año.