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Las ciudades no terminan donde termina el área construida.

En el Cono Sur, las grandes ciudades concentran más plantas no nativas. Los flujos y la transformación del paisaje pueden facilitar su llegada y expansión, extendiendo la influencia urbana mucho más allá de sus límites.


Los centros urbanos pueden actuar como focos de introducción y establecimiento de plantas no nativas, contribuyendo a la formación de comunidades vegetales novedosas en los paisajes urbanos y periurbanos.

Las ciudades no terminan donde termina el área construida.

En nuestro estudio sobre el Cono Sur de Sudamérica encontramos que las metrópolis y las grandes ciudades presentan una mayor proporción de plantas no nativas que las áreas con menor influencia urbana.

¿Por qué podría ocurrir esto?

Las ciudades concentran población, movilidad, comercio y múltiples formas de intercambio con sus alrededores. Estos flujos pueden aumentar la presión de propágulos y facilitar el movimiento e introducción de especies vegetales. Al mismo tiempo, la transformación del paisaje y la frecuencia del disturbio generan ambientes heterogéneos que pueden ofrecer oportunidades para el establecimiento y persistencia de plantas no nativas.

Nuestro trabajo analiza este patrón a escala regional, utilizando diferentes niveles de influencia urbana y considerando también el contexto ambiental y de uso del suelo. Para estudiar este patrón, analizamos registros de biodiversidad de GBIF y evaluamos la proporción de plantas no nativas en relación con variables climáticas, riqueza de plantas nativas, contexto histórico, diversidad de coberturas, cultivos y niveles de influencia urbana. Los resultados muestran que la urbanización organiza espacialmente la proporción de plantas no nativas a escala regional. Además, la riqueza de plantas nativas y algunos componentes del uso del suelo también estuvieron asociados con este patrón.

Esto sugiere que la influencia de una ciudad puede extenderse mucho más allá de sus límites administrativos o de su superficie construida. Las ciudades pueden funcionar como hotspots de plantas no nativas y como centros desde los cuales las interacciones humanas y la transformación del paisaje contribuyen a reorganizar la flora de los territorios circundantes.

Comprender estas conexiones entre ciudades y sus alrededores es especialmente relevante frente a la expansión urbana: las ciudades no solo ocupan espacio, sino que también pueden modificar los procesos ecológicos que ocurren a su alrededor.

 


La infografía muestra la relación entre el nivel de urbanización y la proporción de plantas no nativas en el Cono Sur de América del Sur. En el mapa   representa espacialmente el nivel de influencia urbana, desde áreas con baja influencia hasta aquellas asociadas a grandes centros urbanos. El resultado principal se muestra en el gráfico: la proporción de ocurrencias no nativas aumenta a medida que aumenta el nivel urbano, pasando de 0,16 en el nivel más bajo a 0,61 en el nivel más alto, con las mayores proporciones asociadas a las metrópolis.Finalmente, la imagen sintetiza la interpretación ecológica del estudio: los centros urbanos pueden actuar como focos de introducción y establecimiento de plantas no nativas, contribuyendo a la formación de comunidades vegetales novedosas en los paisajes urbanos y periurbanos.