Las abejas silvestres enfrentan múltiples desafíos para sobrevivir, entre ellos el parasitismo de cría: organismos que atacan huevos, larvas o pupas dentro de los nidos. Un equipo de científicos del CONICET, liderado por Diego Vázquez y Mary Dos Reis Diniz (IADIZA) junto con Adriana Aranda-Rickert (CRILAR), y en el que colaboraron Franco Andrada, Silvia Lomáscolo y Natacha Chacoff (IER), logró estudiar por primera vez a gran escala los factores que regulan este fenómeno en abejas solitarias.
Mediante nidos trampa artificiales, el equipo relevó 528 nidos de abejas solitarias a lo largo de más de 2000 kilómetros del Desierto del Monte, desde el noroeste de Argentina hasta la costa atlántica patagónica. Casi el 22% de los nidos resultaron parasitados por avispas, moscas, escarabajos y otras abejas.
Los resultados revelan que la presión de los parásitos en la comunidad no es uniforme y responde a un equilibrio entre el clima y la cantidad de sitios disponibles para nidificar. Observaron que las tasas de parasitismo aumentan en zonas con temperaturas más frías y cuando hay menor cantidad de sitios para nidificar disponibles en el entorno.
Una posible explicación es que, ante la escasez de recursos florales o de sitios de nidificación, las hembras deben dedicar más tiempo a buscar alimento y materiales, dejando sus nidos desprotegidos por más tiempo frente a sus enemigos naturales.
El parasitismo también disminuyó hacia el sur del gradiente. Aunque la temperatura explica buena parte de este patrón, los investigadores señalan que otros factores no evaluados —como la altitud, las horas de luz o la disponibilidad de flores— también podrían influir.
Una parte importante de estos patrones estuvo asociada a una sola especie: Megachile leucografa, la abeja más abundante y ampliamente distribuida del estudio (presente en 297 de los 528 nidos), y también la más parasitada, con casi un tercio de sus nidos afectados por el mayor número de enemigos naturales distintos. Al repetir los análisis con y sin esta especie, el efecto de la temperatura se mantuvo estable, pero los patrones de latitud y humedad variaron, lo que sugiere que gran parte de las tendencias observadas en toda la comunidad reflejan en buena medida el comportamiento de esta única especie dominante.
Una vez que un nido ya fue descubierto por un parásito, el panorama cambia: la proporción de celdas dañadas dentro de ese nido aumentó con la temperatura, pero disminuyó con la humedad relativa, posiblemente porque la humedad favorece el desarrollo de hongos que afectan tanto a las crías de las abejas como a las de sus parásitos.
Comprender estas interacciones es vital para la conservación. Frente al actual cambio climático, las futuras variaciones de temperatura y precipitaciones podrían alterar el delicado equilibrio entre estas abejas y sus parásitos, impactando también en las especies de plantas que dependen de estos polinizadores para su reproducción.