21/04/2014
“DESCUBRIMIENTO DEL AÑO”

Una tucumana integra el equipo que hizo el “descubrimiento del año”, según una revista francesa

 

Un trabajo sobre cultivos agrícolas realizado por profesionales de distintos países que fue encabezado por el argentino Lucas Garibaldi, del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), fue calificado como “el descubrimiento del año” (2013) por la publicación científica francesa La Recherche. Se trata de una investigación también destacada por la revista internacional Science, que revela que los cultivos requieren de insectos silvestres para su polinización.
Garibaldi, investigador del Conicet Comahue y de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), lideró el trabajo, del cual participaron otros 49 profesionales, entre ellos, dos argentinos: Marcelo Aizen, de la Universidad Nacional del Comahue; y Natacha Chacoff, de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), informó Télam.
El científico argentino explicó que la iniciativa surgió “de la motivación por saber el rol funcional de los insectos silvestres, los cuáles están desapareciendo de muchos ambientes agrícolas”, y conocer si “son importantes para nuestro bienestar”.
La investigación se realizó en 19 países de los cinco continentes donde los científicos estudiaron la presencia de insectos en 600 campos de 41 regiones con diferentes cultivos y observaron que la abeja de la miel mejoró la producción en sólo seis de esas, es decir, 14 %. En tanto, los insectos silvestres fueron polinizadores mucho más efectivos: mejoraron la producción en todas ellas.
Garibaldi indicó que fue una gran alegría la elección, y remarcó: “Fue seleccionado como el descubrimiento más importante entre todas las áreas de la ciencia: física, medicina y microbiología. Un gran reconocimiento. Como investigador mi intención es realizar aportes que tengan un impacto en mejorar la calidad de vida de las personas y nuestro trabajo tiene consecuencias aplicadas importantes”, puntualizó el investigador.
Subrayó que en comparación con los años 90, el sistema científico argentino creció de manera considerable y fue fortalecido por el Estado. “Tenemos investigadores de muy buen nivel”, aseguró Garibaldi, quien de todos modos remarcó que “faltan relevamientos de campo para conocer el estado de los insectos silvestres en Argentina y su importancia para la producción agrícola”.
Según el estudio, la utilización de abejas de la miel no es suficiente para mejorar las cosechas, sino que las flores de los cultivos agrícolas, como girasol, manzanas, tomates o algodón, por mencionar unos pocos, necesitan recibir polen para producir semillas o frutas, trabajo realizado por insectos, aves o animales que lo llevan de una flor a otra permitiendo la polinización. Escarabajos, abejas, moscas, mariposas, algunas especies de aves y murciélagos son los responsables de fecundar las flores.
Sin embargo, sus hábitats naturales están amenazados, especialmente por la agricultura intensiva, y su población y diversidad decrece incesantemente. Para paliar la situación se agregan en los campos colmenas de abejas productoras de miel.
No obstante, el estudio encabezado por Garibaldi, concluyó que tanto insectos silvestres como abejas melíferas son necesarios para la producción de frutas y semillas.
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